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Blog sobre los dibujos del dibujante canario Álvaro Manzanero.

jueves, agosto 06, 2026

Viaje a Vietnam








Consideraciones sobre Vietnam.

¿Por qué no pasas calor en Vietnam? Cuando uno mira las temperaturas siempre ve que hay de 29 a 34 grados aproximadamente y te dicen incluso que la sensación térmica es de 39. Llegas aquí, bueno, mmm, puede ser, pero pasas directamente de un centro comercial a un Grab (la versión asiática del Über), de un Grab a una cafetería, de una cafetería a otro Grab y de ahí al hotel. Todos éstos tienen aire acondicionado y un montón de ventiladores que te enfocan, con lo cual en tramos muy determinados sientes calor: a la salida de los bares, de los establecimientos, etcétera, pero es un período muy breve y te aclimatas con una rapidez pasmosa, salvo casos puntuales en los que es un auténtico infierno. He pasado muchísimo más calor en Tenerife que aquí. 


La lluvia.


Normalmente te mojas, pero la lluvia más frecuente es incluso menos caudalosa que un Tximiri, así que te dejas apenas mojar y te vas secando con el trote. Si cae la de dios no dura 10’, como dice todo el mundo con respecto a los monzones veraniegos, puede estar una hora o un par, con aparato eléctrico y de todo. Entonces desearás tener uno de esos impermeables de un solo uso, finos como el demonio, que no te darán más calor y sí te protegerán de acabar enchumbado. Cuando la lluvia acaba no es “para más calor”, como en Canarias, sino que refresca un poco.


Las mujeres están en su mayoría hipersexualizadas. Están todo el rato poniéndose la melena para adelante para salir en las fotos, peinándose el flequillo, con trajitos de color crema, con doble faldón y ribetes por todos lados. Se maquillan en cafeterías, en la calle,  en cualquier lado. Se miran a los móviles, se fotografían, se mandan imágenes y hacen tiktoks. Evidentemente a edades tempranas. Pasan de media, hora y media maquillándose y acuden a hot spots con estructuras en forma de corazones y paisajes de ensueño a sacarse sesiones de fotos. En las motos van cubiertas de los pies a la cabeza, incluso con pasamontañas y gafas de sol. No sé cómo ven nada. Llevan unos batines a juego con los pantalones, con un logo de una marca famosa repetido hasta la saciedad a modo de textura visual.


Todos los camareros son niños. Cuando digo niños quiero decir 15 años aproximadamente. Tienen pinta de atribulados y de pensar de sí mismos que lo están haciendo mal continuamente, y son el último eslabón de la cadena laboral. 


El último chofer nos contaba lo barato que es vivir en Hue. Él miraba en la carta una comida cuando iba a Ho Chi Minh y le decía que eran 100.000 dongs,(3,30 €) mientras que esa misma comida se la podía permitir en esta Hué por 80.000.(2,64€)  Para él era un mundo. También es verdad que tenía 17 o 18 años. 


Los vietnamitas no tienen ni puñetera idea de inglés en su inmensa mayoría. Chapurrean un par de palabras y sucede como en el chiste del enano que corría para hacerse ver en la barra de un bar pidiendo una Fanta. Ese que saltaba y pedía la bebida sin que el camarero viera cliente alguno y a la cuarta vez, cuando tras haber cogido carrerilla y haber saltado para hacerse ver, por fin podía asomar su cabeza y el barman reconocer que había alguien pidiendo esa Fanta, le preguntaba: "¿Naranja o limón?" y el enano caía al vacío diciendo: "hijopuuuuta". Si te sales del guión no saben seguir…

Normalmente repiten “That’ s why” y “ Yah”, varias veces, y repiten la frase un par de veces con un acento infernal también. Además dicen “Elechtric car”, como si emitieran el propio chasquido del cortocircuito emitido por el vehículo.


Pensábamos que no ponían los móviles con un volumen muy alto, pero resultó que muchos de ellos se ponen a jugar con este a tope en las cafeterías. Se sientan tres amigas adolescentes o tres amigos y cada uno con su móvil en posición horizontal juegan sin parar a bombardear el mundo.


Nunca te hagas una silla en Vietnam. Vas a ser incapaz de rodarla con los pies y levantarte. Pesa un quintal.

 Todos sus habitantes llevan orejitas en el casco de la moto. Sin ellas no eres nadie. Todos ellos van cubiertos con capucha y se ponen incluso unos brazos añadidos para no tomar el sol en ellos: estibadores, porteadores, botones de hotel, todo tipo de operarios.

 Al no tener un dispensador de papel higiénico como el nuestro, el rollo no parece agujereado sino que es un cilindro compacto. Rarísimo. Como en Tailandia y otros países asiáticos tienen un grifo para limpiarse el culo, un grifo de presión que te provoca gustito.(Supongo, yo no lo probé)  Todos ellos llevan cholas Crocs llenas de pines. 

Hay comercios que apenas se ven:Farmacias, supermercados, ópticas.

 


Ni te molestes en buscar un dulce decente a la europea: No hay. Existen bakeries con dulces con un aspecto estupendo, pero son engañosas: son todos insípidos. No sigas, no insistas, no busques: No hay. Heladerías te puedes encontrar alguna decente, italiana, pero cara y regulina. Siempre te ponen unos pancakes insípidos de postre en los  restaurantes: No caigas.  La opción más sabia es aceptar la fruta, que esa sí es estupenda. Lo que más se estila es la parchita o maracuyá, la fruta de la pasión, que es ácida y se come con cuchara, ahondando en una pequeña mitad semiesférica, la fruta del dragón o pitaya, que es blanca y con pintas negras, medio insípida pero agradable,  y sobre todo la sandía, que está dulce y jugosa. En muchos comederos te ponen un plato con esas tres, gratis, de cortesía. No necesitarás nada más.



Y sobre el turismo:


Si ver que todo el mundo hace exactamente lo mismo, se divierte igual, habla igual, come lo mismo, etc. te supone algún tipo de problema es que te estás volviendo misántropo y lo peor que puedes hacer es viajar. Estarás cercado por millares de personas con sus móviles, a los que sólo les hace falta que su saliva corra abajo por sus comisuras mientras se vacían mirando una pantalla y serás tratado como mercancía media. Ninguna rareza, particularidad o desviación te será permitida, tendrás destinado hasta el tiempo para cagar y a qué hora hacerlo. Te dejarán descalzo en los aeropuertos, te tirarán herramientas básicas como destornilladores de patillas de gafas a la basura, tendrás conversaciones idénticas con otros turistas : “¿Dónde has estado? ?¿Qué día llegaste? ¿Qué me recomiendas?¿Cuánto te queda de viaje?” que te sonarán gratificantes las primeras veces y cansinas y vacías las siguientes.

¿La solución es quedarse en casa? También lo dudo, pero tal vez hacer vida de barrio en un lugar alejado de tu residencia te vuelque la cabeza.


Cosas que hice que nunca antes había hecho:


-Ir de paquete en una moto durante días.

-Ver un partido de fútbol

-Ver un partido de fútbol poniendo el despertador para despertarme a las 2 am.

-Ver un partido de fútbol poniendo el despertador para despertarme a las 2 am, rodeado de vietnamitas.


Las fotos, como siempre, aquí. Si picas sobre ellas podrás ver un breve comentario sobre lo representado.







miércoles, enero 07, 2026

Volver, con la frente marchita.

 

Pasó justo un año hasta volver a Portugal. Parece dar pereza volver a visitar un mismo lugar. Nada más alejado de la realidad, sobre todo si han transcurrido de 20 a 10 años desde la última vez que estuviste. Eres otro. Los intereses de un joven de 30 y algo años no son los de alguien de cincuenta y pico, no te fijas en lo mismo, la mirada no disfruta ni de los mismos intereses ni de la misma manera. Vale la pena. Otra cosa es cómo tu memoria engarza los primeros recuerdos con los últimos, dándole un sentido a todo. ¿Borra los primeros sepultados por los segundos? ¿Piensa que lo que vio en primer lugar ya no existe y ha sido sustituido por lo que ve en la actualidad? ¿Reconoce en lo que ve lo que ya vio sin generar problema alguno de coincidencia, tal vez incluso amplía los detalles? ¿Busca una localización de antaño para no encontrarla y hasta de dudar de que la haya visto alguna vez? ¿De todo un poco?

Y aunque haya mil sitios más a los que ir, hemos de claudicar ante la durabilidad de nuestras existencias y ante la imposibilidad de verlos todos y simplemente acudir a los que más nos gusten, ya vistos o no.

Pienso también en ver estos mismos lugares con otra gente, viajar con un pequeño grupo, verlo por sus ojos, disfrutar por ellos de otra nueva primera vez.

Los sitios cambian también, sobre todo a peor, pero esa es otra historia. Aún así, siempre podremos berrear, como ya hiciera Siniestro Total: ¡Menos mal que nos queda Portugal!

Las imágenes, comentadas si picas sobre cada una de ellas, aquí.








miércoles, noviembre 05, 2025

Viaje a Turín.

 



Tras un año sin viaje de verano, el primero de 40, creo, nos decidimos a visitar Turín. La procedencia de mi simpático preparador físico y una peli que se desarrollaba en los Alpes hicieron unión en el tiempo para hacerme creer que no había mejor destino posible para estas fechas. Cierto. No lo había.

Nos quedaron las ganas de regresar y inspeccionar la ciudad al menos por 10 días, así como de alquilar un coche y movernos por el Piamonte de pueblo en pueblo. Queda previsto para un viaje futuro en un tiempo no superior a 10 años. El cuerpo me lo pedirá y no sabré decir que no.

Aquí las fotos, si picas sobre cada una te vendrá un comentario de regalo: no lo dudes.


miércoles, agosto 20, 2025

Luto 1: Los guantes de mi padre.


 

domingo, agosto 10, 2025

Fragmentos de un pasado para los que no estuvieron 2- 1981

 Corría el año 1981 y aunque esto nunca pasó, hay mucha verdad en ello. Un nuevo homenaje a aquellos tiempos en los que oír música era una una forma de vida.

















lunes, mayo 05, 2025

Orgullo

 


sábado, marzo 08, 2025

Le tocó a Amberes y Lille.






 Nos quedaba por ver Amberes. Entendí por qué llamaban a Bruselas el París de los pobres. La reconocí en este segundo viaje como una pequeña ciudad de juguete, no exenta de gracia e interés, pero con unas limitaciones evidentes.

Amberes, por contra, se nos apareció inmensa (casi 3 veces la población de la capital de Bélgica), preciosa y ahíta de posibilidades. Una de las conclusiones es que los lugares canallas -cervecerías sobre todo-tienen el punto justo de vejez sin llegar a la cochambre: los muebles son antiguos y repintados, pero tienen rasguños derivados del uso, todo parece auténtico, no como aquí que vacían el interior de las casas manteniendo la fachada y haciéndola irreconocible e intercambiable por cualquiera otra.

Hay rango de precios para no gastar en exceso y el alojamiento de paso se ha vuelto, curiosamente, más barato que en España.

Otra sorpresa, si cabe mayor, fue Lille. A pesar de la huelga de trenes nos desplazamos cómodamente y sin percances hasta la ciudad francesa.

Allí vimos una fanfarria callejera con la que, una vez más, (siempre me sucede igual) se me desataron las ganas de llorar por la emoción a flor de piel. Paseamos, pateamos, fantaseamos con acabar nuestros días allí y volví a pensar que no idealizaba nada, que la vida allí sería simplemente perfecta.


Este dibujo es de una cervecería molona de esas de las que hablaba, aunque no la mejor.

Las fotos, comentadas como siempre, aquí.